🌿 El mago del bosque

A veces, no encontramos respuestas en los planes, sino en los caminos inesperados, cuando el destino nos lleva a un lugar sin previo aviso.
Tal vez solo sea un paseo cualquiera, un encuentro fortuito… y de pronto vuelves a creer:

El mundo todavía está lleno de ternura y milagros.
Hoy quiero contarte una historia que viví una tarde otoñal, en un bosque a las afueras de León, donde conocí a un verdadero “mago del bosque”.

A veces, el cielo nos guía hacia lugares que nunca habríamos imaginado.

Era una tarde común de fin de semana. Mis amigos tenían sus propios compromisos.
En casa, todos estaban tirados en el sofá sin ganas de moverse, así que animé a mi esposo:
— Vamos, salgamos a dar una vuelta.
Nuestro hijo, como hechizado por los videojuegos, se resistía con todas sus fuerzas.
Pero al final, logramos ponernos de acuerdo: toda la familia iría a dar un paseo por el parque de La Candamia.

 

Las hojas otoñales pintaban un cuadro vibrante, y la brisa fresca acariciaba el rostro con suavidad.
De pronto me di cuenta de cuánto tiempo había pasado desde la última vez que observé el mundo con tanta atención.
Niños corriendo por el césped, padres enseñando a sus hijos a andar en bici, ancianos en silla de ruedas contemplando el paisaje, una joven montando un caballo blanco…
Bajo aquellos árboles altos pensé:
Esta vida que vivimos en cuerpo humano, dura apenas un siglo.
¿Y si en otra vida fuéramos un árbol, o una roca en la montaña? Tal vez el alma podría vivir para siempre, observando en silencio el ir y venir de la humanidad, su ciclo eterno.

Mi hijo seguía un poco terco. Quería ir al rincón del río que ya conocía.
Yo, en cambio, siempre prefiero los caminos no recorridos.
Mi esposo hizo de mediador:
— Que el niño juegue un rato en su “lugar de siempre”, y después exploramos una ruta nueva por el bosque.

Y así fue como sucedió la magia.

Entramos en un pequeño bosque al borde de la montaña y encontramos una cabaña de madera.
Un letrero decía: “La casa de Juan”.

Fuera, había muchas piedras pintadas por niños, dentro, muebles viejos, figuras de animales tallados en troncos, como símbolos de una tribu ancestral.
También vimos bancos hechos con ramas, casas en los árboles, pequeñas cabañas de hierba…
Mi esposo y yo pensamos: “Tal vez un vagabundo vive aquí.”

Entonces, paramos a una pareja joven que pasaba y les preguntamos si conocían la historia.
Sonrieron y nos dijeron:
— Es una obra de un señor mayor. Quiso crear un mundo para los niños. Más adentro del bosque hay más cosas.

Seguimos caminando… como entrando a un bosque encantado sacado de un cuento de hadas.

Delante había un pequeño puente de madera, y al otro lado, una casita azul llena de juguetes infantiles.
Aunque estaba algo desordenada por dentro, las paredes exteriores aún mostraban huellas de dibujos llenos de inocencia.
Lamentablemente, había sido vandalizada.
Y en ese momento, sentí una punzada en el corazón.
Esta escena se parecía tanto al tema que imaginé este año para el festival de magia…
Esas almas ignorantes y crueles siempre destruyen la pureza, cuando el mundo de los niños nunca les hizo daño.

Seguimos caminando y llegamos a una casa en el árbol, más grande aún.
El tronco se curvaba de forma natural, formando una especie de arco.
Debajo había una puertecita, y a su lado una inscripción:
“Casa de los Ángeles. Toca tres veces y pide un deseo.”

Toqué suavemente tres veces.
Mi deseo fue:
“Que acaben las guerras.”
Que esas vidas inocentes no tengan que huir, que no sufran más.
Que aquellos que ordenan matar, si tienen tanto deseo de muerte, se maten entre ellos y no nos arrastren a matar a otros inocentes.
Porque tú y yo ni siquiera nos conocemos.

En ese instante, sentí que había encontrado un amigo del alma.
Él usa el arte y la naturaleza para hacer magia en el bosque;
yo, en otro tipo de escenario, uso la magia para transmitir ternura y esperanza.

Mi esposo y yo hicimos un pacto:
Vamos a buscar a este “mago del bosque”.
Y durante el festival de magia,
queremos otorgarle un premio especial.
Porque él nos recordó algo esencial:
La verdadera magia no está en el escenario… está en el corazón.

En la vida, siempre hay encuentros inesperados que tocan el alma en silencio.
Puede ser un desconocido, un paisaje, o una frase que te devuelva la fe en el amor.
Si tú también has vivido un momento así,
te invito a contármelo en los comentarios 💫
Y que entre nuestras historias, podamos seguir creyendo que…
el amor sigue siendo la magia más grande de este mundo.